Y entre todas las cosas malas que
he hecho la mejor, fue haberme robado un perro.
Lo llame Lucas por un asunto de
humor negro religioso, y porque mi gato se llama Mateo. Ciertamente ponerle
nombre de un apóstol a un perro robado, no fue lo mejor.
Ah? ¿Qué cómo es eso que me lo
robé?
Gente que roba tiendas, gente que
roba bancos, gente que roba a viejos… y yo. La que le roba perros a viejos.
Digamos que más que un robo fue un ajuste de cuentas por todo lo que él me ha
quitado en estos meses, un arreglo por su condición de “Turista Emocional” en
mi vida, un acuerdo por la dignidad robada y la infidelidad circunstancial a la
que he sido sometida. Robarle un perro es lo menos malo que podrÃa haberle
hecho a una persona que me ha estado mintiendo, que me sigue tratando como
veinteañera pendeja, y que a demás de todo ha sido existencialmente egoÃsta…
Y si aun después de toda esa
justificación son capaces de juzgarme, entonces digamos que soy una persona de “Moral
DistraÃda” que por una vez en la vida se robo algo. (Tomar una carpeta de papel
abandonada en un salón para entregar un trabajo, no cuenta tampoco como robo).
El problema no son los tipos mentirosos, el problema son las mujeres que les creemos mentira tras mentira.
Cada noche a mediados de las 11 pm, suele sonar mi grupo de chat. La ventana se titula “pussy´s por expropiar”. Somos tres participantes (si, a eso se reduce mi grupo de amigas) y cada noche hablamos de la misma paja.
La dueña del grupo es una caraja súper bella, inteligente y buena vibra, que no tiene novio porque siempre se enamora del tipo menos indicado. Mi otra amiga recientemente sufrió un engaño. Piensa que es el fin del mundo, que jamás lo olvidará y que a más nadie le han hecho eso como se lo hicieron a ella. De mi, ni al caso con el viejo que me usa… al final todo se resume a lo mismo, seguimos creyendo en los hombres.
Yo jamás he sido feminista, ni lesbiana, pero juro que si paso otros seis meses escuchando a mi mamá decir “hombre no es gente” y a mis pobres amigas sufriendo por los mismos tipos, de seguro termino siendo ambas cosas, o puta desalmada.
El problema no es que mientan, ni que les sigamos creyendo… el verdadero problema es cuando descubres las mentiras. Y es que, cuando descubres la primera se te antoja revisar celular, hacer preguntas incomodas, mirar a los ojos a ver si se le desvÃa la mirada a la izquierda, y crees que cada llamada perdida es una infidelidad cometida. Enferma, cansa y terminas convirtiéndote en una terrible versión insegura de ti. Como dicen por ahÃ, mejor hacerse el loco y fingir demencia o ser la puta desalmada que no le importa nada… eso del feminismo lésbico esta sobreevaluado.
Cada noche a mediados de las 11 pm, suele sonar mi grupo de chat. La ventana se titula “pussy´s por expropiar”. Somos tres participantes (si, a eso se reduce mi grupo de amigas) y cada noche hablamos de la misma paja.
La dueña del grupo es una caraja súper bella, inteligente y buena vibra, que no tiene novio porque siempre se enamora del tipo menos indicado. Mi otra amiga recientemente sufrió un engaño. Piensa que es el fin del mundo, que jamás lo olvidará y que a más nadie le han hecho eso como se lo hicieron a ella. De mi, ni al caso con el viejo que me usa… al final todo se resume a lo mismo, seguimos creyendo en los hombres.
Yo jamás he sido feminista, ni lesbiana, pero juro que si paso otros seis meses escuchando a mi mamá decir “hombre no es gente” y a mis pobres amigas sufriendo por los mismos tipos, de seguro termino siendo ambas cosas, o puta desalmada.
El problema no es que mientan, ni que les sigamos creyendo… el verdadero problema es cuando descubres las mentiras. Y es que, cuando descubres la primera se te antoja revisar celular, hacer preguntas incomodas, mirar a los ojos a ver si se le desvÃa la mirada a la izquierda, y crees que cada llamada perdida es una infidelidad cometida. Enferma, cansa y terminas convirtiéndote en una terrible versión insegura de ti. Como dicen por ahÃ, mejor hacerse el loco y fingir demencia o ser la puta desalmada que no le importa nada… eso del feminismo lésbico esta sobreevaluado.
Vamos a sincerarnos. PodrÃa culpar
a mis inocentes y cortos 23 años, pero no seria justo. Tal vez sea esa irremediable
y visible cicatriz que me dejó el contador, cicatriz que llevo marcada en el
ego y que de forma desesperada intento tapar usando maquillaje de piñata. Y
entonces, cuando pensaba que seis meses de duelo serian suficientes, decido
salir con un señor respetable. Me veo
reflejada en sus ojos verdes haciéndome sentir tan perfecta, tan suficiente,
tan ingenua… tan imbécil como siempre. Se me congeló el tiempo, se me congeló
el cerebro.
Y entonces surgen las
expectativas y te golpea la realidad.
Sus arrugas eran lo de menos, aprendÃ
a traducir palabras bajitas, ignorar ronquidos, pasar por alto rumores
tendenciosos, incluso redimensioné a esa que él solÃa llamar MarÃa Antonia y
que más tarde la descubrà como su ex. Esa misma con la que aun vive, esa que lo
ama y que se deja amar por él de vez en mes, la que lo llama… esa a la que él
golpea.
Mierda, la cagué.
Bebedor, golpeador, cuarentón, mujeriego
y mentiroso. ¿Por qué mi ex tiene que ser tan perfecto? Se supone que
me buscara algo mejor, no a Darth Vader alcohólico. Felicitaciones contador,
hoy después de seis meses entendà que sigo siendo la misma idiota rota que
dejaste.
