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1:24 a. m.

 Un continente que te separe de aquello que se desparrama por el sub suelo, chorrerones de cortisol que bordean la desesperación de un ataque desmedido de tristeza y de nostalgia. 

Es que cuando se llora una perdida, se lloran las tres anterior y las muertes posteriores.

Duelo tras duelo se pega una decepción con otra, y podríamos culpar a este eterno mercurio retrogrado, o al cierre de ciclos de acuario; pero la única verdad es que Dios ya no está con nosotros. 

Lo he decepcionado. Y él a mi tantísimas veces.

Estar sola, sin siquiera el nombre simbólico, es la certeza de la absoluta perdida de la esperanza, ¿ y qué somos cuando nos convertimos en individuos sin fé?  Somos el residuo del sentimiento más humilde, un pedacito de tristeza y desamparo, vulnerables ante la espera de la muerte.

Y así, víctima de la porquería de un espíritu vacío, cualquiera adopta el nombre de mesías... La desesperación nos hace dudar de Mateo 1:23, ¿Isaías también me mintió? 

Entonces, cuando le rece a falsos profetas y llore por la asquerosa mentira; viviremos una vez más la decepción de la perdida, sabiendo que, ni un continente entero podrá borrar este duelo de Dios sin nosostros. 


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