Esa extraña costumbre de pedir deseos
a planetas pensando que son estrellas, al amolador y a su fábrica de estrellas,
a las horas capicúas con su poder energético, a las hadas de mi jardÃn que se
pasean de hoja en hoja, y a la Luna llena que desde cerquita te ve. Y entre pestaña y pestaña el mismo deseo.
Coloco agüita de luna nueva en la
regadera, limpio mis caracoles con luz de vela,
y en la mano izquierda mi pulsera de soles y estrellas, amarre firme a la
nostalgia que de noche me desvela… y entre rima y rima la cautela.
Incienso de coco, bálsamo de
rosas, arroz y una vela, adornan a mi Buda
Negro… Y le pido fe, le pido sabidurÃa porque ya dejé de pedirle que volvieras,
se que donde estas eres feliz como desde siempre lo pedÃ.
Un hilo rojo
adorna mi tobillo derecho, me mantiene firme al piso y me recuerda tú última mirada…
esa, de “Ya no te amaba”. No importa que
tu estomago ya no brincará, tal vez fue por la banda gástrica o por los besos
que ya no me dabas, de igual manera el Elegua que vigila mi puerta siempre esta pendiente de
abrirte los caminos… del amor, de la fortuna y de todo lo que pidas en la vida.
Directo al
e-mail de Dios mando esta cartica. Buenas vibras y que mil ángeles te bendigan.
Enjoy*
"¿Cómo se supone que te encuentre? (...) Soñar el numero de tu móvil o tropezarte en algún lobby"
Y entre todas las cosas malas que
he hecho la mejor, fue haberme robado un perro.
Lo llame Lucas por un asunto de
humor negro religioso, y porque mi gato se llama Mateo. Ciertamente ponerle
nombre de un apóstol a un perro robado, no fue lo mejor.
Ah? ¿Qué cómo es eso que me lo
robé?
Gente que roba tiendas, gente que
roba bancos, gente que roba a viejos… y yo. La que le roba perros a viejos.
Digamos que más que un robo fue un ajuste de cuentas por todo lo que él me ha
quitado en estos meses, un arreglo por su condición de “Turista Emocional” en
mi vida, un acuerdo por la dignidad robada y la infidelidad circunstancial a la
que he sido sometida. Robarle un perro es lo menos malo que podrÃa haberle
hecho a una persona que me ha estado mintiendo, que me sigue tratando como
veinteañera pendeja, y que a demás de todo ha sido existencialmente egoÃsta…
Y si aun después de toda esa
justificación son capaces de juzgarme, entonces digamos que soy una persona de “Moral
DistraÃda” que por una vez en la vida se robo algo. (Tomar una carpeta de papel
abandonada en un salón para entregar un trabajo, no cuenta tampoco como robo).
