Que absurdo serÃa rendirle un nuevo y magnÃfico homenaje a la belleza venezolana, yo no tengo nada en contra de la misma, lo he repetido en continuas ocasiones.
Esta noche mis queridos lectores imaginarios, no vengo a realizar un reportaje calibrado de interés, resentimiento o valor literario, simplemente es un reclamo a su coeficiente, a su sentido común y al vulgar hecho de la ironÃa de la pintura labial y el maquillaje en general.
Los eventos de belleza, implican un gran despliegue coreográfico de esbelta magnitud, de dinero, de capital humano, y sobre todo de un público que se interese en el mismo. El dÃa del famoso “Mis Venezuela” la cartelera periodÃstica se respinga con sus mejores trajes, los animadores se preparan para dirigir un clásico de la burguesÃa de la belleza, por no mencionar los interminables ensayos coreográficos y eventos pautados que se preparan con una antelación admirable.
Y entonces entre tacones, trajes de diseñadores, piernas, mucha laca y plástico, comienza el show. Un maratón de niñas preciosas desfila a un estricto jurado, que mide, detalla y califica, y aunque de antemano ya se sabe quien es su favorita, se hacen los difÃciles resistiéndose al indudable y ya sabido final de la faena. Cinco suelen ser las favoritas, talla perfecta, largo cuello, largas piernas, mucho Silicon y trasero, por no olvidar el cabello.
Para serles sincera, yo no soy fiel compradora de la programación nacional, me remito a las pruebas, no tengo idea de la novela del momento, del peinado de moda en mi paÃs o de cómo se llama ese famoso actor. Tal vez dirán… ¿Qué tipo de prospecto de periodista soy?... una que odia la falta de sentido común, y la falta de receptividad cerebral que tiene la programación de TV abierta. (Ojo no tengo nada contra la ama de casa, la mujer o esposo cansado(a) que llega a ver su novelita, simplemente no es mi estilo de distracción). Pero bien, esto es tela para otro dÃa de sastrerÃa. Al punto que quiero llegar, es que yo no fui fiel testigo del “Magno evento de la belleza”, pero mis futuros colegas, parecen ser más receptivos con la idea del Mis Venezuela y verlo por completo. Al fin y al cabo, es el tubazo del dÃa siguiente.
Pues bien, no hizo falta verlo, para enterarme de cada detalle y de cada burrada cometida por nuestras bellezas nacionales. Yo no digo que ser bella implique brutalidad (lo repito con fines ético). Pero como es posible que a estas niñas no se les regale un momento con su sinceridad, no les den instructivos de respuestas con un coeficiente digno de un niño de 10 años. Señores, tengan piedad, ya de por si es difÃcil cargar con toda la parafernalia que amerita el evento, como para también tener que recordar llevar la masa encefálica.
No voy a teclear palabra alguna sobre la planificación del show de la belleza, ya que como mencione anteriormente, no me compré la idea de ver el canal de la colina el dÃa correspondiente al evento, solo voy a dirigirme a su más pura esencia, la falta de cordialidad con la verdad.
No es posible venderle al mundo una mujer perfecta, mucho menos una que es incapaz de salirle airosa a la improvisación con herramientas como: la ironÃa, el sarcasmo o mejor aún… el sentido común. Ya basta de seguir un esquema de que es la mujer perfecta, la altura ideal, el peso correcto… no compartan esa idea, empaquétenla y mándensela al “hacedor de belleza”, que con su caritativa mano nos hace popular en el mundo, con el tÃtulo de “Las mujeres más bellas”, si esas son las mujeres que nos representan a nivel mundial… Dios nos salve de la pandemia del Silicon.
Esta noche mis queridos lectores imaginarios, no vengo a realizar un reportaje calibrado de interés, resentimiento o valor literario, simplemente es un reclamo a su coeficiente, a su sentido común y al vulgar hecho de la ironÃa de la pintura labial y el maquillaje en general.
Los eventos de belleza, implican un gran despliegue coreográfico de esbelta magnitud, de dinero, de capital humano, y sobre todo de un público que se interese en el mismo. El dÃa del famoso “Mis Venezuela” la cartelera periodÃstica se respinga con sus mejores trajes, los animadores se preparan para dirigir un clásico de la burguesÃa de la belleza, por no mencionar los interminables ensayos coreográficos y eventos pautados que se preparan con una antelación admirable.
Y entonces entre tacones, trajes de diseñadores, piernas, mucha laca y plástico, comienza el show. Un maratón de niñas preciosas desfila a un estricto jurado, que mide, detalla y califica, y aunque de antemano ya se sabe quien es su favorita, se hacen los difÃciles resistiéndose al indudable y ya sabido final de la faena. Cinco suelen ser las favoritas, talla perfecta, largo cuello, largas piernas, mucho Silicon y trasero, por no olvidar el cabello.
Para serles sincera, yo no soy fiel compradora de la programación nacional, me remito a las pruebas, no tengo idea de la novela del momento, del peinado de moda en mi paÃs o de cómo se llama ese famoso actor. Tal vez dirán… ¿Qué tipo de prospecto de periodista soy?... una que odia la falta de sentido común, y la falta de receptividad cerebral que tiene la programación de TV abierta. (Ojo no tengo nada contra la ama de casa, la mujer o esposo cansado(a) que llega a ver su novelita, simplemente no es mi estilo de distracción). Pero bien, esto es tela para otro dÃa de sastrerÃa. Al punto que quiero llegar, es que yo no fui fiel testigo del “Magno evento de la belleza”, pero mis futuros colegas, parecen ser más receptivos con la idea del Mis Venezuela y verlo por completo. Al fin y al cabo, es el tubazo del dÃa siguiente.
Pues bien, no hizo falta verlo, para enterarme de cada detalle y de cada burrada cometida por nuestras bellezas nacionales. Yo no digo que ser bella implique brutalidad (lo repito con fines ético). Pero como es posible que a estas niñas no se les regale un momento con su sinceridad, no les den instructivos de respuestas con un coeficiente digno de un niño de 10 años. Señores, tengan piedad, ya de por si es difÃcil cargar con toda la parafernalia que amerita el evento, como para también tener que recordar llevar la masa encefálica.
No voy a teclear palabra alguna sobre la planificación del show de la belleza, ya que como mencione anteriormente, no me compré la idea de ver el canal de la colina el dÃa correspondiente al evento, solo voy a dirigirme a su más pura esencia, la falta de cordialidad con la verdad.
No es posible venderle al mundo una mujer perfecta, mucho menos una que es incapaz de salirle airosa a la improvisación con herramientas como: la ironÃa, el sarcasmo o mejor aún… el sentido común. Ya basta de seguir un esquema de que es la mujer perfecta, la altura ideal, el peso correcto… no compartan esa idea, empaquétenla y mándensela al “hacedor de belleza”, que con su caritativa mano nos hace popular en el mundo, con el tÃtulo de “Las mujeres más bellas”, si esas son las mujeres que nos representan a nivel mundial… Dios nos salve de la pandemia del Silicon.